miércoles, 15 de noviembre de 2017

Manos libres en la cocina

Problema detectado:

El celular está plagado de bacterias dañinas que pueden afectarnos. Esto toma vital importancia a la hora de manipular alimentos en la cocina. Sin embargo, la utilización de este dispositivo se encuentra tan naturalizada que ya es percibido como una extensión del cuerpo por lo que se omite o se desentienden todos los riesgos potenciales que posee.

Diagnóstico del Caso:

Las enfermedades transmitidas por los alimentos (ETA) constituyen un importante problema de salud a nivel mundial. Son provocadas por el consumo de agua o alimentos contaminados con microorganismos o parásitos, o bien por las sustancias tóxicas que aquellos producen. La preparación y manipulación de los alimentos son factores claves en el desarrollo de las ETA, por lo que la actitud de los consumidores resulta muy importante para prevenirlas. De hecho, las estadísticas elaboradas por el Sistema de Vigilancia Epidemiológica de Enfermedades Transmitidas por Alimentos indican que prácticamente el 40% de los brotes de ETA reportados en la Argentina ocurren en el hogar.

Las ETA pueden ser intoxicaciones o infecciones 
Infección transmitida por alimentos: se produce por la ingestión de alimentos que contienen microorganismos vivos perjudiciales para la salud, como virus, bacterias y parásitos (ej.: salmonella, virus de la hepatitis A, triquinella spirallis).
Intoxicación causada por alimentos: se produce por la ingestión de toxinas o venenos que se encuentran presentes en el alimento ingerido, y que han sido producidas por hongos o bacterias, aunque éstos ya no se hallen en el alimento (ej.: toxina botulínica, enterotoxina de Staphylococcus).
Los síntomas de las ETA pueden durar algunos días e incluyen vómitos, dolores abdominales, diarrea y fiebre. También pueden presentarse síntomas neurológicos, ojos hinchados, dificultades renales, visión doble, etc. La duración e intensidad de los síntomas varía de acuerdo a la cantidad de bacterias o toxinas presentes en el alimento, a la cantidad de alimento consumido y al estado de salud de la persona, entre otros factores.
Las enfermedades de transmisión alimentaria pueden causar enfermedades más prolongadas, como cáncer, insuficiencia renal o hepática y trastornos cerebrales y neuronales.
Existen grupos como los niños, los ancianos y las mujeres embarazadas que, por su baja resistencia a las enfermedades, son especialmente vulnerables. En estos casos las precauciones deben extremarse, las consecuencias de las ETA pueden ser severas, dejando secuelas o incluso hasta provocando la muerte. Por el contrario, para las restantes personas los síntomas son pasajeros: en la mayoría de los casos, sólo duran un par de días, sin ningún tipo de complicación.
Según datos estadísticos Casi un tercio (30%) de todas las muertes por enfermedades de transmisión alimentaria se producen en niños menores de 5 años, pese a que los niños de esa edad representan solo 9% de la población mundial. Esta es una de las conclusiones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el informe Estimación de la carga mundial de las enfermedades de transmisión alimentaria, el más completo publicado hasta la fecha sobre el impacto de los alimentos contaminados en la salud y el bienestar.
Según el informe, en el cual se presenta una estimación de la carga de las enfermedades de transmisión alimentaria causadas por 31 agentes (bacterias, virus, parásitos, toxinas y productos químicos), cada año hasta 600 millones de personas de todo el mundo, o casi 1 de cada 10, enferman tras consumir alimentos contaminados. De estas personas, 420.000 mueren, incluidos 125.000 niños menores de 5 años.

¿Cómo se contaminan los alimentos?
Los microorganismos peligrosos pueden llegar a los alimentos en cualquier momento, desde que son producidos en el campo hasta que son servidos. Cuando aquéllos sobreviven y se multiplican pueden causar enfermedades en los consumidores. La contaminación es difícil de detectar, ya que generalmente no se altera el sabor, el color o el aspecto de la comida.
El riesgo de padecer enfermedades de transmisión alimentaria es mayor en los países de ingresos bajos y medianos, y está vinculado a la preparación de alimentos con agua contaminada, la falta de higiene y condiciones inadecuadas en la producción y el almacenamiento de alimentos, el bajo nivel de alfabetismo y educación, y la insuficiencia de leyes en materia de inocuidad de los alimentos o su falta de aplicación.
El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa),  emitió en varias ocasiones recomendaciones para evitarlas durante la temporada de verano, con pautas de higiene básicas y cuidando la refrigeración de los productos.
Durante los meses de calor, las bacterias "crecen más rápido, por eso es muy importante continuar con las pautas de higiene y manipulación básicas que en ocasiones se pasan por alto debido al cambio de hábitos y a una mayor distensión durante los viajes y las vacaciones", señaló el organismo en un comunicado.
Una de las enfermedades comunes en el verano es la salmonelosis (salmonella) que provoca diarrea, vómitos, fiebre y dolor de cabeza.
Los alimentos de mayor riesgo suelen ser los huevos crudos o poco cocinados, por ejemplo en la mayonesa; la carne de ave mal cocida y los alimentos que se han dejado a temperatura ambiente durante varias horas.
Por otro lado, la bacteria E. coli está presente en la materia fecal y a través de ella puede contaminarse el agua, la carne cruda, la leche no pasteurizada o frutas y hortalizas.
Según la OMS los cinco principios clave para la inocuidad de los alimentos son:

•           Mantenga limpio
•           Separar crudos y cocidos
•           Cocinar completamente
•           Mantenga los alimentos a temperaturas seguras
•           Use agua y materias primas seguras

Por su parte, un estudio de la Universidad de Barcelona reveló que las pantallas de los teléfonos móviles pueden contener hasta 600 bacterias, es decir 30 veces más que las que se encuentran habitualmente en una tapa del inodoro.

Resultados encuesta de elaboración propia

En una encuesta realizada entre el 12 y el 20 de Junio de 2017, donde 100 personas fueron encuestadas (72,5% femenino y 27,5% masculino), nos reveló lo siguiente:

Edades: 22 a 24 (28 personas)  /  25 a 32 (45 personas) /  +32 (6 personas)

El 96,3% de los encuestados cocina.
El 61,3% lo hace 3 o más veces por semana
El 33,8% no tomó ningún recaudo

Recaudos:
Limpieza 42
Coccion 6
Verduras/carne 12

El 65% de los encuestados vive solo, el otro 35% no.

El 56,3% de los encuestados conoce alguna enfermedad transmitida por alimentos, el 43,8% restante no.

Enfermedades conocidas:
Salmonella 15
Escberichia Coli 12
No sabe nombres 11

El 79,7% de los encuestados suele utilizar el celular en la cocina, el 20,3% restante no.

El 71,3% de los encuestados usa el celular en el baño. 13,7% tal vez, el restante 15% no.

El 46,3% de los encuestados alguna vez se intoxicó por ingerir alimentos. El 53,8% no.

De los se intoxicaron, un 42% no sabe exactamente porqué.


Fuentes:

Encuesta de realización propia.

martes, 21 de febrero de 2017

Solución total para la obesidad

Actualmente hay muchos enfoques y criterios a la hora de presentar un plan de alimentación para bajar de peso: Dieta paleo, No-Dieta, Clean eating, Cetogénica y tantas más.

En lo personal, creo que cada paciente es único y por lo tanto, habrá que buscar el método que le sea más útil. Por supuesto, siempre y cuando no se utilicen prácticas riesgosas ni extremas.

De todas formas, más allá del programa elegido hay algo que asegura el éxito total en esta batalla y se llama CONSTANCIA. Esto es lo único que nos brindará la solución completa y segura.

Sé que esperaban que les ofreciera una pastilla mágica, y quizá fue esa su intención cuando abrieron este artículo. Pero la verdad es que ese remedio mágico no existe. Es la constancia lo único que les permitirá llegar a nuestra meta (como pasa con cualquier otro objetivo que tengamos en la vida). Pero les pregunto....si estan dispuestos a pagar por una pastilla, ¿porqué no se enfocan en perseverar en su objetivo? Eso será gratis y está al alcance de su mano.

Recuerden que lo bueno lleva tiempo. Nos hemos acostumbrado al éxito rápido (y no hablo sólo de los tratamientos para bajar de peso). Hemos perdido el placer de disfrutar y aprender de los procesos. No todo tiene que ser YA, ni mágico. Construir un camino es tan valioso como llegar a la meta.

Es difícil? Seguro! Pero la idea es no perder de vista adonde queremos llegar. Y si nos caemos, continuar peleando; y cuando las cosas salgan mal, seguir adelante; y si no obtengo los resultados que quiero, hacer un esfuerzo un poco mayor, y así. No hablo de hacer todo perfecto ni hacer esfuerzos desmedidos. Simplemente, continuar. Ahí está la clave del éxito.

Por eso, cuando decidan perder peso, no busquen el tratamiento milagroso, busquen el milagro que existe en la constancia. Ahí tendrán la solución total que tanto buscan.

viernes, 20 de enero de 2017

La balanza...ese elemento de tortura

La definición de balanza en el diccionario es "Instrumento usado para pesar comparando pesos conocidos con el del objeto que se pesa". Sin embargo, suele tener muchos otros significados. En ocasiones es la villana de la historia o incluso quien decide nuestros pasos.

Pero debemos entender que sólo es un elemento de medición. Y no debería JAMAS determinar nuestra conducta alimentaria.

La balanza sólo arroja un número que puede estar influenciado por muchos factores: momento del ciclo menstrual, retención de líquidos, constipación. Influye también el contenido de las últimas comidas; si fueron ricas en carbohidratos o sodio, seguramente pesemos más por retención de líquidos.

Otro tema a tener en cuenta es como está compuesto ese peso. Cuando alguien sube a una balanza, pesa todo: musculo, hueso, líquido, grasa. Si logró perder 1 kg de grasa y aumentar otro kilo de músculo,  no habrá movido la aguja; y sin embargo, su cuerpo no lucirá igual. Habrá achicado algunas medidas y estará más saludable.

Nadie compara otros números cuando comienza a comer más sano. Cuesta escuchar a alguien que se alegre por mejorar sus valores de triglicéridos en sangre o de colesterol LDL. Importa más el peso. ¿Pero realmente es lo más importante?

También hay personas que se instalan fuertemente en un valor y no quieren ni aceptan modificarlo. Y se embarcan en luchas despiadadas sólo por lograr al ansiado objetivo. ¿En serio 2 kilos más o menos hacen la diferencia? ¿Se justifica ese esfuerzo? Ese peso, ¿no será demasiado irreal?

Es habitual que tomen decisiones, sólo por el resultado de una pesada. Si el número crece, significa que no vale la pena seguir cuidándose. Si el número baja, significa que puedo comenzar a comer más. ¿No será sólo una excusa para volver a viejos malos hábitos?

No olvidemos que el de la balanza es sólo un número más. Y debemos mejorar todo nuestro cuerpo, no únicamente cuanto pesa.
Siempre que comemos mejor, eso se refleja en nuestro organismo. En el peso y en toda nuestra sensación de bienestar. Y ese debería ser un criterio importante de medición de nuestros resultados.

Cuando entendamos que comer más sano y hacer actividad física es vital para nuestra salud; y que la clave fundamental está en la constancia y en priorizar nuestro bienestar general (cuerpo, mente, espíritu), buscaremos otras formas de evaluar nuestros progresos, que complementen a la balanza y nos devuelvan un resultado más real sobre nuestra conducta.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

El valor de los alimentos

Solemos realizar juicios de valor a los alimentos (como a tantas cosas en la vida), y los dividimos en buenos, malos, ricos, saludables, caros, baratos. 

Es ahí que nos damos cuenta que los alimentos tienen un valor, más allá de los nutrientes que aportan. Muy rara vez juzgamos a un alimento por su contenido de nutrientes. Parece ser lo menos importante. Sin embargo, valoramos mucho más que sea adecuado a la función que va a cumplir. 

Una torta es ideal para un cumpleaños (incluso hay distinciones de tortas de acuerdo a quien sea el agasajado o el número de años que se celebra), los sándwich para el picnic y el vittel thoné para navidad. De la misma forma, consideramos que una barrita de cereal es adecuada para bajar de peso porque dice que tiene menos de 90 calorías, o comemos sin culpa el chocolate sin azúcar, convencidos que está hecho con aire. También hay alimentos que parecen ideales para calmar angustias, para divertir en caso de aburrimiento o para ayudarnos a masticar broncas. Algunos menús son exclusivos de los fines de semana. Y no es lo mismo lo que se consume solo, que en una reunión.

Sin embargo, nuestro organismo sólo necesita nutrientes: agua, vitaminas, minerales, proteínas, carbohidratos, grasas. Pero nos resulta imposible ver a los alimentos desde ese enfoque. Sin dudas, no comemos nutrientes. Comemos mucho más. Comemos emociones y situaciones.

Pretender cambiar esto es ignorar la naturaleza del ser humano. No es mi intención que empiecen a comer sólo nutrientes. Pero sí me interesa que podamos ser un poco más objetivos. ¿Realmente no festejo navidad si no como pan dulce?, ¿De verdad el helado me calma la angustia?, ¿Seguro que la manzana no es un buen postre de domingo?

No deberíamos menospreciar la función primordial de los alimentos (nutrirnos), para lo que necesitamos incorporar alimentos naturales, frescos y poco procesados. Y ojalá, de a poco, pudiéramos entender que las emociones tienen un camino para resolverse, que las situaciones pueden atravesarse sin comida o que los festejos pueden disfrutarse, aún sin necesidad de comer en demasía. De esta forma, estaremos permitiendo los alimentos cumplan un poco más su función (nutrirnos) y elegiremos libremente comer el chocolate o la torta; simplemente por gusto, por elección. Sin culpas, sin mandatos sociales y sin pensar en soluciones que no nos van a brindar. Responsabilizándonos por su incorporación y midiendo porciones para que siga siendo un placer comer.